Mostrando las entradas con la etiqueta nacionalsocialismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta nacionalsocialismo. Mostrar todas las entradas

viernes, 3 de octubre de 2014

Otto Strasser - Los 14 principios de la Revolución alemana


I

La Revolución alemana niega ante Dios y el Mundo la atadura que ha provocado la mentira de la culpabilidad de Alemania, que mediante la brutal tiranía de los "tratados de paz" de Versalles y St. Germain, e infatigable y fanáticamente lucha por todos los medios para la destrucción total de esta dictadura y todas las consecuencias que tienen su origen en aquellos.

II

La Revolución alemana proclama la libertad de la nación alemana en un Estado alemán fuerte, unificador de todos los pueblos de tronco alemán asentados en el territorio centroeuropeo. Estado que acogerá, de Memel a Estrasburgo, de Eupen a Viena, a todos los alemanes de la Madre Patria y de los territorios irredentos de alrededor, y que constituyen con su fuerza y capacidad la espina dorsal y el corazón de la Europa blanca.

III

La Revolución alemana renuncia desde este momento, a gobernar y expoliar pueblos y naciones extranjeras; sólo quiere, nada más y nada menos, su propio espacio vital para la joven nación de los alemanes, con el mismo derecho otros pueblos y naciones que reconocen la decisión de la guerra como una voluntad del destino.

IV

La Revolución alemana proclama que el único propósito del Estado es la unión de todas las fuerzas de la nación, una concentración de fuerzas para asegurar la vida y el futuro de esta nación, afirmando cada medio que para dicho objetivo precise, y destruyendo todo aquello que lo impida.

V

La Revolución alemana exige desde aquí, que se vertebre el más radical poder estatal central contra aquellas fuerzas que, de manera individual o simplemente por su propio empeño, obstaculicen dicha construcción, ya sean aquellas destructivos entes estatales, de índole partidista o confesionales.
La unidad del Estado de la nación alemana une a las crecientes fuerzas de la tierra y el pueblo, dirigiéndolas hacia una poderosa unidad.

VI

La Revolución alemana da campo libre a la libertad individual de las fuerzas que el denostado sistema liberal oprime, para que aquella pueda desarrollarse armoniosamente en el sentido adecuado para los objetivos estatales. Se procederá a crear un sistema vivo de representación sindical y corporativa, con responsabilidad personal de los dirigentes en vez del antinatural parlamentarismo en el que nadie tiene responsabilidades y se cede a una masa anónima.

VII

La Revolución alemana proclama la unidad de destino de la nación alemana. Está convencida de la obligación de convertirse en una comunidad de destino, no de necesidades, que precisa construir una comunidad del pan, y para ello dirigirá todas sus fuerzas en pos de dicho objetivo convencida de este principio fundamental: "Interés general antes que el interés particular".

VIII

La Revolución alemana rechaza, por tanto, el sistema económico individualista del capitalismo, y su derrocamiento es el primer objetivo que se impone la revolución alemana para su triunfo. Su identidad se reconoce por completo en el sistema corporativo del socialismo, en la que la medida exacta o la finalidad de toda la economía es, no ansiar la riqueza o las ganancias, sino la satisfacción de las necesidades de la nación.

IX

La Revolución alemana proclama, de esta forma, que la propiedad última de la tierra, el subsuelo y los recursos naturales, recae únicamente en la nación, y que los "titulares" no pueden ser sino considerados como mandatarios de la nación, con obligación de rendir cuentas, mientras que toda la nación tiene la obligación de defenderla.

X

La Revolución alemana proclama, bajo las mismas coordenadas, la participación colectiva de todos los productores en el beneficio y a la gestión de la economía nacional, sin que ninguna discriminación se pueda ejercer en razón de la función o de la responsabilidad desarrollada por cada uno. Reconoce el interés personal en la medida en que es motor de actividad humana, y lo incorpora para que coadyuve a la creación de bienestar general.

XI

La Revolución alemana no cree que el bienestar general se encuentre en la persecución de valores materiales ni en una elevación ilimitada del estándar de vida, sino en el retorno y el mantenimiento de un orden sano, el orden nacional, conforme a la voluntad divina y en la que la nación alemana pueda cumplir con el deber asignado por su destino.

XII

La Revolución alemana encuentra este deber en el pleno desarrollo del espíritu tradicional de su pueblo. En consecuencia, combate por todos los medios, contra los degeneradores de la raza, contra toda influencia cultural foránea, en pos de una renovación racial popular y por la cultura alemana. Lucha, en particular, contra el Judaísmo que, unido a las fuerzas supranacionales de la francmasonería y el ultramontanismo, dificultan premeditadamente la vida del espíritu alemán.

XIII

La Revolución alemana combate, igualmente contra el absolutismo del Derecho judeo-romano, por un Derecho alemán, cuyos ejes residen en el Ser y el Honor alemanes, afirmando y valorando las desigualdades de los hombres. El Derecho alemán reconoce como ciudadano únicamente al compatriota y como medida el bienestar general.

XIV

La Revolución alemana derribará la visión del mundo de la Gran Revolución francesa, y será el modelo del siglo XX.
Es nacionalista –contra la esclavitud del pueblo alemán- ; es socialista –contra la tiranía del dinero- ; es popular –contra la destrucción del alma alemana-, y únicamente tiene en su meta en el bienestar de la nación.
Y en pos de esta voluntad colectiva de la nación, la Revolución alemana no se retirará de combate alguno, y ningún sacrificio por muy grande que sea le parecerá excesivo, ante ninguna guerra por sangrienta que sea, pues... ¡Esta Alemania debe vivir!

lunes, 29 de septiembre de 2014

Adolf Hitler - Derrotaremos a los enemigos de Alemania (discurso)


10 de abril de 1923

¡Mis queridos compatriotas, hombres y mujeres alemanes!

En la Biblia está escrito: "Lo que no es ni caliente ni frío lo quiero escupir de mi boca". Esta frase del gran Nazareno ha conservado hasta el día de hoy su honda validez. El que quiera deambular por el dorado camino del medio debe renunciar a la consecución de grandes y máximas metas. Hasta el día de hoy los términos medios y lo tibio también han seguido siendo la maldición de Alemania. La situación de nuestra patria, según la condición geográfica una de las mas desfavorables en Europa, fue comprendida en realidad por primera vez, por el pequeño estado prusiano, odiado, un rival en sentido espiritual y material para todos los pueblos circundantes, le quedo reservado a este pequeño estado modelo llegar a ser el adalid del pensamiento alemán hasta aquella unión de los troncos alemanes que en el fondo, a pesar de dos guerras ganadas, aun no era una unión.

Aun hoy somos el pueblo menos apreciado de la tierra. Un mundo de enemigos se alza contra nosotros y el alemán debe decidirse también hoy si quiere ser un soldado libre o un esclavo blanco. Las precondiciones bajo las cuales solo puede desenvolverse una estructura estatal alemana han de ser por consiguiente: unión de todos los alemanes de Europa, educación para la conciencia nacional y la disposición de poner todas las fuerzas nacionales enteramente al servicio de la nación.

Estas, solamente, son las condiciones fundamentales bajo las cuales podemos vivir en el corazón de Europa. El anciano gigante de la vida estatal alemana, Bismarck, ha mantenido totalmente esta línea directriz, y cuando él se fue vino el dominio de los términos medios, de lo tibio. En lugar de representación de intereses patrios se hizo política dinástica, en lugar de política nacional, la internacionalización. Las palabras-impacto de "echar un puente entre todos los antagonismos", de fraternización, de tregua y otras similares minaron la fuerza del pueblo alemán hacia adentro y hacia afuera. La judaización fue la consecuencia inmediata de esta política tibia, la judaización de la nación alemana, porque el judío no renuncia a su propia nacionalidad.

Industrialización, conquista económica pacifica del mundo fueron otros objetivos, según los cuales se procedió, sin tener en cuenta que no existe ninguna política económica sin espada, ninguna industrialización sin poder. Hoy no tenemos ya una espada en el puño, ¿Donde tenemos entonces una política económica exitosa? Inglaterra ha reconocido muy bien este primer principio de la vida estatal, de la salud estatal, y actúa desde hace siglos de acuerdo al fundamento de convertir fuerza económica en poder político, y el poder político debe a su vez, a la inversa, proteger la vida económica. El instinto de conservación del estado puede construir una economía; pero nosotros quisimos conservar la paz mundial en lugar de defender con la espada los intereses de la nación, la vida económica de la nación, y de abogar sin consideraciones por las condiciones de vida del pueblo.

Y en esto participan por igual todos los partidos del actual parlamentarismo. Los demócratas quieren salvar la democracia aunque Alemania sucumba por ello. Por la democracia afirma el demócrata que quiere morir, por lo general nunca se llega tan lejos. Una enormidad seria para él si la democracia sucumbiera. En la práctica se desarrollo, gracias a esta idea que conduce a la paralización del pueblo, el dominio de la bolsa y de los manejos bursátiles.

El centro representa la idea de la solidaridad de un determinado credo. Otros pueblos, por fanáticamente que piensen y actúen de acuerdo a los principios de su credo, son en primer término hijos de su pueblo y recién después abogan por una confesión determinada.

La socialdemocracia representa intereses político-mundiales; pero un proceder conjunto con los trabajadores de todo el mundo, por cierto, solo es posible en base a un mutuo respeto y posición de igualdad. El alemán debe ser en primer término un alemán, así como el inglés es un inglés, si quiere ganarse el respeto de los otros; y este respeto existe hoy en día menos que nunca. No se trata de si el obrero alemán se declara solidario con los obreros de otros países, sino si el obrero de otros países quiere declararse solidario con el obrero alemán.

Por lo demás el pueblo alemán no quería ser internacionalista. El mejor corazón del alemán dejo ir a la guerra hace nueve años a incontados millones entusiastamente, y hoy los obreros de Essen, cuando ametralladoras francesas tabletearon en aquel funesto sábado dentro de sus filas, no fijaron su mirada en la solidaridad internacional, sino sobre Alemania y sobre aquel día que alguna vez llegara a ser el día de la venganza.

Debido a la mediocridad y debilidad de los partidos parlamentarios sobrevino, lógicamente, la mediocridad de los gobiernos. De esta manera, a partir del momento en que debía ser mantenida la "paz mundial" bajo cualquier circunstancia, por necesidad natural debió desarrollarse la guerra mundial. Hubiéramos podido concertar alianzas con metas firmes y grandes; con decisiones a medias no se lo puede hacer, y los canallas que anteriormente reflexionaron, y ponderaron ahorraron y fueron tacaños, tiran hoy millones sin provecho para el pueblo alemán*. Todo estaba bajo el signo de la mediocridad, de la tibieza, hasta la lucha por la existencia en la guerra mundial y más aun la concertación de la paz. Y hoy la continuación de la política a medias de entonces ha llegado a ser triunfo. El pueblo unido entre sí en la ardua lucha, y aclaro que en la trinchera no había partidos ni confesiones, ha sido desgarrado por el dominio de los intermediarios rapaces y pillos. La reconciliación y la compensación de los antagonismos, por cierto vendrían pronto si a toda "la compañía" se la colgara. Pero es que los intermediarios rapaces y pillos son "ciudadanos" y lo que es aun más importante, adeptos de aquella religión que el Talmud santifica.

No es el proletario quien ha llegado a ser señor, sino que el judío galiztiano se puso en el lugar de reyes que van cayendo. Ahora ya hace mas de cien años que esta trabajando en la desintegración de los estados europeos; siempre ha encontrado auxiliares y los encuentra aun hoy: severing aquí, poincare alla! No se hubiera podido hacer nada contra un pueblo de setenta millones si previamente no se le hubiera quitado la fuerza. Y el que quita al pueblo este poder de decisión interior es el culpable del hundimiento de la nación.

Hace tres años he declarado en este mismo lugar que el derrumbe de la conciencia nacional alemana también arrastrara conjuntamente al abismo la vida económica alemana. Porque para la liberación se requiere más que política económica, se requiere mas que laboriosidad, ¡para llegar a ser libre se requiere orgullo, voluntad, terquedad, odio, y nuevamente odio!

¿Qué se puede esperar de los gobiernos? Ellos sueñan con un milagro. Ellos sueñan con negociar, pero ¡para negociar se requiere poder! Una delegación con refuerzos de cuero en las rodillas va a París, trae de allí la decisión como don de gracia que allí es dictada por un poder superior, y la Nación Alemana da las gracias a la delegación por su "sentido del tacto", por su "sabia mesura", por su comportamiento en el "sentido de la mas auténtica democracia", y el pueblo sucumbe a consecuencia de ello. Aun se puede comprar carbón, aun no ha desaparecido el último marco de oro. Tres cuencas carboníferas ya han sido enajenadas por dinero, pero yo creo que no nos será ahorrado aplicar a nosotros la sentencia de Clemenceau que rezaba: "Me batiré delante de París, en París y detrás de París". Por cierto con una pequeña modificación: no nos quisimos batir delante del Ruhr, no nos quisimos batir en el Ruhr, tendremos que batirnos detrás del Ruhr. Los hambrientos que en los tiempos venideros clamaran por pan no serán alimentados por el munchester post y los 20 millones de alemanes que se dijo están de más en Alemania, deberán enfrentarse con un terrible destino. Y cada cual deberá preguntarse: ¿también estarás tú entre ellos?

La hoz, el martillo, la estrella y la bandera roja ascenderán sobre Alemania; pero Francia no devolverá el territorio del Ruhr. ¿Qué se puede hacer contra estos dos terribles peligros que amenazan con aniquilarnos? Desde arriba no viene el espíritu, el espíritu que purifique Alemania, que con escoba férrea limpie el gran establo de la democracia. Hacer esto es el cometido de nuestro movimiento. No ha de gastarse en superfluas batallas oratorias, sino que el estandarte con el disco blanco y la esvástica negra será enarbolado sobre toda Alemania el día que será el día de la liberación de todo nuestro pueblo.

sábado, 20 de septiembre de 2014

Miguel Serrano - Hitler y Jung


El libro "C. G. Jung Speaking", del profesor William McGuire, ha sido traducido últimamente al castellano y publicado por la editorial Trotta, con el título "Encuentros con Jung". Ahí se reproducen las descripciones de Jung cuando viera a Hitler y a Mussolini juntos, dirigiéndose a una gran concentración de masas. Mientras Mussolini era un hombre normal, "un ser humano", por así decir, hasta simpático, Hitler no lo era, "carente de individualidad, confundido con el alma colectiva de su Nación, poseído por su Inconsciente Colectivo". Y Jung agregaba: "Ni siquiera por el Inconsciente Colectivo de un solo país, sino de toda una raza, de la raza aria. Y es por ello que los oyentes, aun cuando no entiendan el alemán, si son arios, serán arrebatados, hipnotizados por sus palabras, porque los representa a todos ellos, habla por todos. Y si lo hace a gritos, es porque una nación entera, toda una raza, se está expresando a través de él". Así, Hitler es la encarnación del Dios ario Wotan. Está poseído por él, no es ya un ser humano. Y Jung llega a compararlo con Mahoma, con el fenómeno Mahoma, y lo que él fuera y aún es para todo el mundo islámico.

No creo que el profesor Jung haya leído el libro de Kubizek, "Adolf Hitler, mi amigo de juventud", el más importante que se haya escrito sobre el Führer germano, y que nos ilustra como ninguno al confirmar sus apreciaciones, narrando una escena extraordinaria acaecida una noche de su juventud, tras haber asistido los dos amigos a la representación en Linz, de "Rienzi", de Richard Wagner. Fue tan grande la impresión que le produjo esta obra a Hitler (en la que tal vez presentía su propio drama futuro), que marchó con su amigo en total silencio por las calles nocturnas en dirección al bosque, en la montaña. Y cuenta Kubizek que, una vez llegados allí, le tomó una mano entre las suyas y comenzó a hablar como en trance, con una voz que no le pertenecía, admirado él mismo al escucharse. Se refería a Alemania, a los germanos y a lo que él haría por ese pueblo: una revolución total. Y esto lo declaraba un muchacho austríaco de no más de dieciséis años, un completo desconocido. Revela Kubizek que muchos años después, cuando ya Adolf Hitler era el Führer de Alemania, le recordó esa extraordinaria escena de una lejana noche de su juventud. Y Hitler le dijo: "Sí, jamás la he olvidado; porque ahí comenzó todo...".

Como en muchas otras cosas, también el psicoanálisis se ha apoderado de conceptos y expresiones de Nietzsche, sin declararlo ni reconocerlo. Así pasa con la concepción del "Inconsciente", de Freud, que a su vez adoptara Jung ampliándola al Inconsciente Colectivo. Fue Nietzsche quien afirmó que "había algo en él que sabía más de lo que él mismo sabía; porque él no era consciente de saberlo".

Y Jung amplió esta vivencia al afirmar: "Yo sé cosas de usted que usted mismo no sabe y que yo tampoco sé que las sé...".

Sin duda, Jung en los años treinta se sintió intrigado por el fenómeno del nacionalsocialismo, con su fuerza arrolladora, amenazando extenderse mundialmente. Y aceptó la Presidencia de la Sociedad Médica Internacional de Psicoterapia, entrando a reemplazar al hermano de Göring. Además, se había producido su ruptura con Freud y acuñaría su teoría de los "Dos Inconscientes Colectivos", entregándole con ella un arma formidable al nazismo; pero que éste jamás uso, debido a la desconfianza esencial que el hitlerismo tenía de todo lo que proviniese del psicoanálisis y de su terminología.

No hay duda de que para Jung el final de la Guerra fue una catástrofe, temiendo que también toda su obra pudiera ser destruida al vincularlo al hitlerismo, aunque sólo fuera de un modo "filosófico", también por su concepción del Arquetipo, refiriéndose a Wotan o a Vishnú, de modo que Adolf Hitler, al ser poseído por Wotan, pasaba a ser un Avatara, así "ocupado" por una divinidad externa, extraterrestre, como se diría hoy. Al final de sus días, Jung, y por primera vez, declara en el prólogo a mi libro "Las Visitas de la Reina de Saba" que el "Arquetipo" sería una Entidad superconsciente; es decir, un Dios, y no una "representación de los instintos", como hasta entonces lo definieran sus discípulos.

Temiendo por la destrucción de la obra de toda su vida, y a que lo vincularan a Hitler o al hitlerismo, al finalizar la Guerra Jung sufrió tres ataques al corazón. Ya antes había aconsejado a los Servicios Secretos ingleses y norteamericanos de "alargar la guerra; porque Hitler estaba poseído por Wotan, Dios del huracán y la tormenta (Blitzkrieg). Y una tormenta no puede durar mucho tiempo, se va agotando, autodestruyéndose...".

De todos modos, la actitud de Jung, un suizo, fue diametralmente opuesta a la de Heidegger, un alemán, quien se mantuvo firme, como partidario del nazismo, hasta el final, sin pensar en lo que pudiera suceder con su obra.

Y Heidegger recordaría a Ezra Pound: "¡Mantente firme en los viejos sueños, para que tu mundo no pierda la esperanza...!".

viernes, 19 de septiembre de 2014

Gottfried Feder - Los judíos


Autor: Gottfried Feder
Libro: Los judíos
Tema: Ensayo sobre el pueblo judío y su relación con el NacionalSocialismo
Formato: PDF
Páginas: 55

¿Constituyen los judíos una comunidad religiosa o una raza? ¿Se asimilan a los demás pueblos o permanecen extraños como Estado dentro del Estado? ¿Son productores o viven a costa de la comunidad? ¿El antisemitismo es una creación artificial de mentes enfermizas, como sostienen los sionistas y sus defensores o es una constante histórica cuyas causas residen en los propios judíos, 
como afirman sus detractores?

En torno a estos interrogantes se ha desatado en todos los tiempos una polémica encendida e interminable, que se ha acentuado en la época contemporánea. Nada mejor para estudiar la posición del Nacionalsocialismo sobre el judaísmo, que esta obra del célebre Director de la Biblioteca Oficial del NSDAP, Gottfried Feder, texto oficial del gobierno de la época. Es obvio que quien pretenda estudiar objetiva y desapasionadamente esta cuestión fundamental no puede ignorarlo.

En él se aclaran muchas de las concepciones que comúnmente se afirman sobre el tema más controvertido de los tocados por el Nacionalsocialismo. Si bien el NS nunca tomó como tema central de su política la lucha contra el judaísmo, y el mismo Feder aclara que la política del NSDAP es positiva, nacional y socialista como su nombre lo indica, y no una polí­tica negativa de mera oposición a un determinado grupo, ha pasado a la conciencia popular como el tema excluyente de su política. Es por eso que este libro importado de América supone la fuente histórica más importante para conocer la posición Oficial del Nacionalsocialismo.



jueves, 18 de septiembre de 2014

Gottfried Feder - Manifiesto para el quebrantamiento de la servidumbre del interés del dinero


Autor: Gottfried Feder
Libro: Manifiesto para el quebrantamiento de la servidumbre del interés del dinero
Tema: Economía. 
Formato: PDF
Páginas: 27

El mammonismo es la grave enfermedad que todo lo alcanza e invade, de la cual padece nuestro actual mundo civilizado y, mas aun, toda la humanidad. Es una epidemia devastadora, como un veneno corrosivo, que ha hecho presa de todos los pueblos de la tierra. Por mammonismo ha de entenderse: por una parte, el poder mundial del dinero, la potencia financiera supraestatal reinante por sobre el derecho de autodeterminación de los pueblos, la así llamada internacional dorada y, por otra parte, una disposición del espíritu que se ha adueñado de amplios círculos populares: el ansia de lucro insaciable, una concepción de la vida orientada exclusivamente a los valores materiales, que ya ha conducido y continuara conduciendo a una alarmante caída de todas las normas morales. Esta cosmovisión llevada al paroxismo esta corporizada en la plutocracia internacional.

La principal fuente de energía del mammonismo es la que proviene, sin esfuerzo y sin creación de bienes, del interés. De la idea del préstamo a interés, totalmente inmoral, ha nacido la internacional dorada. La disposición espiritual y ética surgida de la avidez por el interés y la usura de cualquier índole ha tenido como consecuencia una impresionante descomposición y corrupción de la burguesía.
La tesis del préstamo a interés es el invento diabólico del gran capital. Solo ella posibilita la indolente vida de zángano de una minoría de poderosos del dinero, a costa de los pueblos creadores y de su capacidad de trabajo; es ella quien llevado a los contrastes abismales, inconciliables, al odio de clases, del que nace la guerra civil y la lucha fratricida. El único remedio, el remedio radical para la curación de la humanidad sufriente es:

El quebrantamiento de la servidumbre del interés del dinero

El quebrantamiento de la servidumbre del interés del dinero significa la única posible y definitiva
liberación del trabajo productor de las potencias del dinero que dominan secretamente el orbe. El
quebrantamiento de la servidumbre del interés significa la restauración de la libre personalidad, la salvación del hombre de la esclavización y también de la fascinación mágica en que su alma fue enredada por el mammonismo. Quien quiera combatir el capitalismo debe quebrar la servidumbre del interés.


miércoles, 17 de septiembre de 2014

Ramón Bau - Sobre la justificación y los límites de la violencia


Siempre he sido un defensor de una estrategia legal de lucha nacionalsocialista, y contrario al uso de la violencia como método de lucha actual en nuestros medios.

Sin embargo, creo que puede ser mal comprendida esta posición sin una explicación a fondo de la ética de la violencia y su uso como método de lucha política.

Entre los medios que llamaríamos "fascistas" existe una mezcla entre el sentimiento de la violencia, el coraje y la capacidad de defenderse dignamente, como "valor" y la propaganda del sistema sobre el sentido violento esencial del "fascismo".

Las bases éticas del sistema

“Nosotros los que somos de otra ciencia, nosotros los que consideramos el movimiento democrático no meramente como una forma de decadencia de la organización política, sino como la forma de decadencia, esto es, de empequeñecimiento, del hombre....” - Friedrich Nietzsche ("Como filosofar a martillazos")

Lo primero que hay que entender es que el Sistema condena la violencia en base a un principio: las cosas se arreglan mediante el voto, o sea, la violencia es ilícita porque la democracia permite solucionar los problemas expresando el deseo la mayoría.

Este argumento, absolutamente falso y manipulado, ha sido tan sistemáticamente imbuido por todos medios de difusión que ha calado muy profundamente en la masa media.

Los argumentos contra esa base ‘democrática’ tienen varios niveles:

Primero: Y fundamentalmente, la democracia no existe, es una plutocracia, es un sistema dictatorial del dinero, por tanto no existe libertad de expresión sino de mercado de información. El dinero bloquea todo camino a la libre exposición de ideas en medios de masas. Para poder expresarse es preciso tener dinero, no el tener la razón.

Segundo: En todo caso la expresión de ideas nacionalsocialistas está totalmente prohibida en muchos países y en otros casi totalmente (como en España), de forma que al prohibir la pacífica expresión de ideas queda ya justificado incluso según su "moral" el uso de la violencia por parte del nacionalsocialismo contra esa dictadura plutocrática.

Tercero: La democracia ha usado y usa la violencia cuando la precisa incluso contra el deseo expresado en votos. Recordemos por ejemplo que apoya y promovió golpes como los de Argelia o Turquía cuando partidos legales islámicos estaban logrando pacíficamente la mayoría de votos. Y eso lo ha hecho en docenas de ocasiones, siempre que ha sido necesario para los intereses plutocráticos.

La democracia apoyó totalmente a Israel pese a que usa la violencia, la expulsión y la limpieza étnica contra el voto palestino.

Se llama a Hitler "dictador" pese a que subió con mayoría de votos aplastante.

Derrocó mediante un golpe organizado por la CIA a Perón pese a que tenía el apoyo popular y de voto... y así podemos seguir ad infinitum.

Recordemos al miserable político "socialista" Lluch que apoyaba y aplaudía a ETA cuando gobernaba Franco, y cuando luego fue asesinado por ETA se deshacían sus amiguetes la boca en condenas. La democracia-plutocracia es hipócrita en su propia esencia.

Las bases utilistas del sistema

La mafia que "protege" a un comerciante de sus propias represalias si no paga esa "protección" también es "pacifista".

Hay otra forma de razonar por parte de los plutócratas para justificar la condena a la violencia, son las razones que llamaríamos "utilistas". Ellos dicen:
“Si la democracia lleva un sistema capitalista, pero es el menos malo de los sistemas, si lo pretendemos cambiar entraremos en un ciclo de luchas y violencias que ya hemos soportado en el pasado y que son horrorosas. Mejor un mal conocido que un estado de violencia enorme aunque pudiera mejorar teóricamente los males actuales del Sistema”.

La violencia sería inútil porque provocaría daños mucho mayores a los males que quiere solucionar. O sea, para arreglar los males de la democracia-capitalismo o de regímenes no democráticos pero "políticamente correctos", como Turquía o Egipto, el grado de violencia que hay que aplicar es tan grande que provocaría mayores males que los que pretende arreglar.

Este argumento tiene una triple lectura:

Primero: Es cierto, o sea tienen razón en que para librarnos del poder económico capitalista vamos a tener que aplicar una violencia fuerte, que es lamentable de tener que ejercer y soportar. Y el motivo es que los capitalistas, los demócratas, usarán todo su dinero y poder para oponerse al cambio y provocarán atentados, guerras y todo tipo de desmanes, compraran tiranos o militares, crearán hambres o crisis, todo para salvar su dinero y poder.

Segundo: Es un claro chantaje, la democracia nos asegura la no violencia si somos obedientes a su dictadura.

Tercero: Minimiza los males y las ventajas del cambio. La gente del pueblo actual no puede ni imaginar como sería la vida sin capitalismo, el cambio de vida, de sentimientos, las formas artísticas y humanas, la ecología, el tercer mundo, las ciudades, el orden o las familias, la educación y el honor, el cambio es tan radical que es difícil de imaginar a los que solo han vivido ese infecto mundo del dinero y la usura. Con los medios modernos y una dirección sana el mundo sería otra cosa.

La eliminación del capitalismo podría ser sencilla y pacífica sin su resistencia violenta, son ellos, la mafia del dinero, los que hacen precisa una revolución violenta.

Las bases pacifistas contra la violencia

En democracia es menos grave robar que defenderse. El pacifismo es el virus que el sionismo nos inculca para evitar nuestra defensa ante sus opresiones.

Existe una creciente propaganda en difundir que toda violencia es mala, sea cual sea el motivo, todo hay que arreglarlo con diálogo. La violencia engendra violencia y no da justicia sino más injusticia. La izquierda progresista es muy partidaria de este mensaje, excepto cuando son ellos son que son atacados, claro. Pero lo importante es su mensaje, que apoyado por una parte importante de las iglesias "cristianas", ha influido mucho en las masas conservadoras moderadas y en las masas de una izquierda utópica.

Hoy en día el asesino, el violador, el ladrón, el vendedor de drogas, el corruptor son "personas a educar", son gente repleta de "derechos humanos", el niño que escupe al profesor no puede ser abofeteado, los chicos de 15 años que pinchan con navaja al educador o a su hermano no son juzgados, la dejadez, la blandura ante la decadencia y la delincuencia es total. El pacifismo es una dejadez moral que sufre toda la sociedad, provocada por la propaganda sionista para destruir las bases de resistencia personal contra el mal. Hay que doblegar el espíritu natural del hombre ario, el sentido común, que le hace responder violentamente ante las agresiones, la mala educación y los atentados al honor, convertir ese sentido común en un sentido de "culpa" constante, no ya de "perdón" sino de incapacidad para juzgar y responder a las agresiones... y las opresiones.

El pacifismo es una enfermedad del espíritu inyectada como virus por la prensa usuraria, una enfermedad que proviene del relativismo y del abandono de la capacidad de juzgar y de indignarse, llevando a una humanidad de borregos.

Nuestras bases éticas sobre la violencia

Si el pacifismo es la enfermedad que nos quiere inculcar el sionismo, la brutalidad es la enfermedad que a veces sufren nuestros medios.

Nuestra ética no es antiviolencia, no creemos que la fuerza sea un elemento desechable para arreglar estados injustos o situaciones de opresión.

Para nosotros hay actitudes y hechos que solo pueden ser contestados por una cierta violencia. Un chico que escupe al profesor debe recibir un castigo físico inmediato, proporcionado y no brutal, pero si inmediato y sin dudas.

Ante un intento de agresión se debe poder contestar con la fuerza necesaria para repelerla, sin que la defensa propia excluya el uso de fuerza superior al del agresor. Es ridícula esta legislación que ha condenado a un joyero por disparar contra su atracador que "solo" llevaba una navaja. Es increíble que se procese a un policía que dispara contra el atracador con pistola que esta huyendo si éste no dispara primero.

Pero esta clara visión de sentido común no debe llevar a confundir la violencia necesaria y justa con la brutalidad. Hay "camaradas" que creen que toda violencia es buena y, lo peor, que la práctica de la violencia es un elemento educador positivo.

La violencia en si no es algo positivo, es algo necesario, pero no positivo. No nos gusta usar la violencia pero no aceptamos que ese "no gustar" sea superior a la necesidad de justicia y de solucionar los problemas que exigen violencia.

No nos gusta la guerra, las frases como: "La guerra es el padre de todos los seres y reina sobre las cosas. A unos los muestra como dioses, a otros como humanos, a unos como esclavos, a los demás, libres" (Heráclito) tienen su raíz en otros tiempos, cuando una casta guerrera luchaba por la supervivencia de los pueblos en estado de continua guerra, pero la guerra es una miseria que debemos evitar en lo posible.

Las víctimas de la guerra son siempre inocentes, personas que sufren injustamente.

Hoy día deberíamos traducir en este tipo de frases "guerra" por "enfrentamiento", en el sentido personal. La necesidad de defensa, de saber enfrentarse al peligro, las situaciones extremas, descubren al cobarde y al héroe, ponen de manifiesto la honradez y la doblez, este es el sentido correcto de este tipo de expresiones.

No a la crueldad, a la brutalidad y la guerra. Nuestra voluntad es de una vida pacífica pero no pacifista.
Una visión estratégica de la no violencia en el nacionalsocialismo actual

Buscamos una lucha legal solo y únicamente porque no podemos luchar por otros medios en este momento. No tenemos respeto alguno por la dictadura plutocrática actual.

Como hemos dicho el sistema plutocrático puede ser éticamente destruido por la violencia, al ser una dictadura violenta e hipócrita.

No hay ningún sentimiento de respeto o de "pacifismo" frente al sistema, no tenemos ninguna cortapisa ética para destruirlo si pudiéramos por medios violentos, puesto que el sistema usa y se impone mediante la violencia y la tiranía.

No nos dejamos engañar por las apariencias legalistas ni por la trampa electoral, sabemos que son solo marionetas y señuelos, máscaras, del usurero, y que detrás está su violencia y brutalidad absoluta cuando sea precisa para defender el poder de su oro.

Pero hoy en día, ahora y aquí, la lucha revolucionaria contra el Sistema pasa por aceptar una lucha no violenta. No es una decisión libre, es la única posible.

La lucha violenta contra el sistema es por ahora imposible y solo comporta una represión mayor contra todos, no solo contra los que han seguido la lucha violenta sino que recrudece las legislaciones contra los que tratan aun de sobrevivir en la lucha legal, ya de por si llena de dificultades legales.

Por tanto la lucha violenta es un error estratégico, es un problema para la lucha antisistema actualmente, pero además no solo es un error sino que es una traba para nuestra lucha y por tanto debemos explicar y tratar de convencer a los que no lo entienden así los problemas que nos causan y evidentemente distanciarnos de ellos en la lucha.

He hablado de lucha violenta, no de lucha ilegal. La legalidad no es más que una farsa en este tema, las prohibiciones contra el Nacionalsocialismo son una opresión, y cualquier medio para saltárselas es ético. No hay ética en las leyes democráticas contra el Nacionalsocialismo, solo hay opresión.

La lucha ilegal no violenta es perfectamente aceptable, aunque es preciso estar preparado para ello, pues sin esa preparación lo único que se consigue es quemar a los camaradas y generar problemas personales. Una lucha ilegal no violenta es una opción válida pero que exige una fuerte preparación y análisis de los medios a usar.

martes, 16 de septiembre de 2014

Anna Bramwell - Walther Darré y el Partido Verde de Hitler


Autora: Anna Bramwell
Libro: Sangre y Suelo. Walther Darré y el Partido Verde de Hitler
Tema: Ensayo sobre la importancia y metodología ecologista en el Tercer Reich
Formato: PDF
Páginas: 177

En 1930, la agricultura europea se enfrentaba a una de sus peores depresiones. Los movimientos campesinos, las ligas de granjeros y la agitación en pro de la reforma de la tierra llegaron a ser políticamente activos en muchos países. En algunos de ellos, la retórica tuvo unos reflejos izquierdistas; en otros conllevó un nacionalismo vehemente radical. En general, fue populista y anti-institucionalista, y potencialmente violento.

En una nación europea, un gobierno llegó al poder en parte gracias a los votos de irritados pequeños granjeros. Empezó a promulgar leyes decretando la posesión hereditaria para las granjas de pequeño y mediano tamaño. La industria alimentaria al por mayor fue virtualmente abolida, estableciéndose un sistema de mercado con precios fijos y un control de calidad. Más tarde, se establecieron cuotas. Esta corporación estaba dirigida por una organización no gubernamental cuasi-independiente. Unas dos terceras partes de este terreno cultivable fueron separadas por ley del mercado libre y el control de una granja que se incluía en esas regulaciones quedaba condicionado a la capacidad del agricultor. Se instituyó un programa de Retorno-a-la-Tierra, que instauraba instalaciones viables, e invertía dinero en la infraestructura rural donde tales instalaciones estaban situadas. Se promovió una campaña en pro de la productividad por hectárea y a aumentar una agricultura intensiva. El experimento agrario duró unos seis años, hasta que el país entró en guerra. Aunque la legislación continuó vigente, la agricultura debió someterse a los controles del tiempo de guerra y el movimiento de Retorno-a-la-Tierra se fue desvaneciendo.

Las ideas ecologistas fueron puestas en práctica por primera vez en la Alemania Nacionalsocialista (frecuentemente usando palabras y términos idénticos a los de hoy) por Richard Walther Darré, ministro de Agricultura y Líder Campesino desde 1933 hasta 1942. Como científico racial que popularizó la frase “Sangre y Suelo”, quiso abolir por completo la sociedad industrial y reemplazarla por una puramente campesina, basada en un sistema de nobleza campesina.
Su sueño de una república jeffersoniana de pequeños agricultores parecía pertenecer a otra era. Cuando Bohemia y Moravia fueron incorporadas al Reich, Darré escribió en su diario que Alemania estaba repitiendo el error que Gran Bretaña había cometido cuando adquirió un Imperio que la destruyó como nación.

Darré era nacionalsocialista, ¿significa esto que no pueden ser tomadas en cuenta sus ideas ecológicas? ¿Puede su interés en la agricultura orgánica ser útil hoy en día? ¿Cuál es la conexión entre el partido verde de Hitler y la popularidad de la política ecológica en la Alemania actual?
Ninguna persona interesada en la agricultura, la política y la ecología puede permitirse el lujo de ignorar los hallazgos de la Dra. Bramwell.



lunes, 15 de septiembre de 2014

Adolf Hitler - La falta de un elemento responsable en el sistema parlamentario (extracto de Mein Kampf)


Lo que más me preocupó en la cuestión del parlamentarismo fue la notoria falta de un elemento responsable.

Por funestas que pudieran ser las consecuencias de una ley sancionada por el Parlamento, nadie lleva la responsabilidad ni a nadie le es posible exigirle cuentas. 

¿O es que puede llamarse asumir responsabilidad al hecho de que, después de un fiasco sin precedentes, dimita el gobierno culpable, o cambie la coalición existente, o, por último, se disuelva el parlamento?

¿Puede acaso hacerse responsable a una vacilante mayoría? ¿No es cierto que la idea de responsabilidad presupone la idea de la personalidad? 

¿Puede prácticamente hacerse responsable al dirigente de un gobierno por hechos cuya gestión ejecución obedecen exclusivamente a la voluntad y al arbitrio de una pluralidad de individuos? 
    
¿O es que la misión del gobernante –en lugar de radicar en la concepción de ideas y planes constructivos– consiste más bien en la habilidad con que éste se empeñe en hacer comprensible a un hato de borregos (los parlamentaristas) lo genial de sus proyectos, para después tener que mendigar de ellos mismos una bondadosa aprobación? ¿Cabe en el criterio del hombre de Estado poseer en el mismo grado el arte de la persuasión, por un lado, y por otro la perspicacia política necesaria para adoptar directivas o tomar grandes decisiones?
     
¿Prueba acaso la incapacidad de un Führer el solo hecho de no haber podido ganar en favor de una determinada idea el voto de la mayoría de un conglomerado resultante de manejos más o menos honestos?
     
¿Fue acaso alguna vez capaz ese conglomerado de comprender una idea, antes de que el éxito obtenido por la misma revelara la grandiosidad de ella? ¿No es en este mundo toda acción genial una palpable protesta del genio contra la indolencia de la masa?
     
¿Qué debe hacer el gobernante que no logra granjearse el favor de aquel conglomerado para la consecución de sus planes?
     
¿Deberá sobornar? ¿O bien, tomando en cuenta la estulticia de sus conciudadanos, tendrá que renunciar a la realización de medidas reconocidas como vitales, dejando el gobierno, o quedarse en él a pesar de todo?
    
¿No es cierto que en un caso tal el hombre de verdadero carácter se coloca frente a un conflicto insoluble entre su compresión de la necesidad y su rectitud de criterio o, mejor dicho, su honradez?
     
¿Dónde acaba aquí el límite entre la noción del deber para la colectividad y la noción del deber para la propia dignidad personal?
     
¿No debe todo Führer de verdad rehusar que de ese modo se le degrade a la categoría de traficante político?
     
¿O es que, inversamente, todo traficante deberá sentirse predestinado a “especular” en política, puesto que la suprema responsabilidad jamás pesará sobre él, sino sobre un anónimo e inaprehensible conglomerado de gentes?
      
Sobre todo, ¿no conducirá el principio de la mayoría parlamentaria a la demolición de la Idea-Führer?
     
Pero, ¿es que aún cabe admitir que el progreso del mundo se debe a la mentalidad de las mayorías y no al cerebro de unos cuantos?
     
¿O es que se cree que tal vez en el futuro se podría prescindir de esta condición previa, inherente a la cultura humana?
     
¿No parece, por el contrario, que ella es hoy más necesaria que nunca? Negando la autoridad del individuo y sustituyéndola por la suma de la masa, presente en cualquier tiempo, el principio parlamentario del consentimiento de la mayoría peca contra el principio básico de la aristocracia de la Naturaleza, y bajo este punto de vista, el concepto negativo que el parlamentarismo tiene sobre la nobleza nada tiene que ver tampoco con la decadencia actual de nuestra alta sociedad.

Difícilmente podrá imaginarse el lector de la prensa judía, salvo que haya aprendido a discernir y examinar las cosas independientemente, qué estragos ocasiona la moderna institución del gobierno democrático-parlamentario; ella es ante todo la causa de la increíble proporción en que ha sido inundado el conjunto de la vida política por lo más descalificado de nuestros días. Así como un Führer de verdad renunciará a una actividad política que en gran parte no consiste en obra constructiva, sino más bien en el regateo por la merced de una mayoría parlamentaria, el político de espíritu pequeño, en cambio, se sentirá atraído por esa actividad.
    
Cuanto más tacaño fuera, hoy en día, en espíritu y saber, un tal mercader de cueros, cuanto más clara su propia intuición le hiciera ver su triste figura, tanto más alabará un sistema que no le exige la fuerza y el genio de un gigante, sino que se contenta con la astucia de un alcalde y llega incluso a ver con mejores ojos esa especie de sabiduría que la de Pericles. Además de eso, un paleto así no precisa atormentarse con la responsabilidad de su acción. Él esta fundamentalmente exento de esa preocupación, porque, cualquiera que fuere el resultado de sus locuras como estadista, sabe muy bien que, desde hacer mucho tiempo, su fin está escrito: un día tendrá que ceder el lugar a otro espíritu tan pequeño como el suyo propio. Una de las características de tal decadencia es el hecho de aumentar la cantidad de “grandes estadistas”  en la proporción en la que contrae la escala del valor individual. El valor personal tendrá que volverse menor a medida que crece su dependencia de las mayorías parlamentarias, pues tanto los grandes espíritus rehusarán a ser esbirros de ignorantes y parlanchines, como inversamente los representantes de la mayoría, esto es, de la estupidez, odiarán a las cabezas que se destaquen. 
      
Siempre consuela a una asamblea de papanatas, consejeros municipales, saber que tienen a su cabeza un jefe cuya sabiduría corresponde al nivel de los presentes. Cada cual tendrá el placer de hacer brillar, de cuando en cuando, una chispa de su ingenio, y, sobre todo, sí Pedro puede hoy ser jefe, ¿por qué no lo puede ser Pablo mañana?
      
Pero, últimamente, esa invención democrática hizo surgir una actitud que hoy se ha transformado en una verdadera vergüenza, como es la cobardía de gran parte de nuestros llamados líderes. ¡Qué felicidad poder esconderse, en todas las verdaderas decisiones de alguna importancia, detrás de las llamadas mayorías! Véase la preocupación de uno de esos salteadores políticos en obtener a ruegos el asentimiento de la mayoría para, en cualquier momento, poder alienar la responsabilidad. Y es esta una de las principales razones por las que esa especie de actividad política es despreciable y odiosa a todo hombre de sentimientos decentes y, por tanto, también de valor, al tiempo que atrae a todos los caracteres miserables –aquellos que no quieren asumir la responsabilidad de sus acciones, sino que antes procuran huir, no pasando de cobardes villanos. Las consecuencias se dejarán sentir tan pronto como tales mediocres formen el gobierno de una Nación. Faltará entereza para obrar y se preferirá aceptar las más vergonzosas humillaciones antes de erguirse para adoptar una actitud resuelta, pues nadie habrá allí que por sí solo esté personalmente dispuesto a arriesgarlo todo en pro de la ejecución de una medida radical.

Existe una verdad que no debe ni puede olvidarse: es la de que tampoco en este caso una mayoría estará capacitada para sustituir a la personalidad en el gobierno. La mayoría no solo representa siempre la estupidez, sino también la cobardía. Y del mismo modo que de cien cabezas huecas no se hace un sabio, de cien cabezas no surge nunca una decisión heroica.
      
Cuanto menos grave sea la responsabilidad que pese sobre el Jefe, mayor será el número de aquellos que, dotados de ínfima capacidad, se crean igualmente llamados a poner al servicio de la Nación sus “imponderables fuerzas”. Con impaciencia esperan que les llegue el turno; forman una larga fila y cuentan, con doloridos lamentos, el número de los que esperan delante de ellos y casi calculan la hora sobre cuándo, posiblemente, alcanzarán su deseo. De ahí que sea para ellos motivo de regocijo el cambio frecuente de funcionarios en los cargos que ellos apetecen y que celebren todo escándalo que reduzca la fila de los que por delante esperan.
      
En el caso de que uno de ellos no quiera dejar la posición alcanzada, casi se considera eso como una quiebra de una combinación sagrada de solidaridad común. Entonces es cuando ellos se vuelven intrigantes y no descansan hasta que el desvergonzado, al final vencido, pone su lugar nuevamente a disposición de todos. Por eso mismo, no alcanzará él tan pronto esa posición. Cuando una de estas criaturas es forzada a desistir de su puesto, procurará inmediatamente entrometerse de nuevo en la hilera de los que están a la expectativa, a no ser que lo impidan, entonces, los gritos y las injurias de los demás.
     
La consecuencia de todo esto es la espeluznante rapidez con que se producen modificaciones en las más importantes jefaturas y oficinas públicas de un organismo estatal semejante, con un resultado que siempre tiene influencia negativa y que muchas veces llega a ser hasta catastrófico, porque no sólo el estúpido y el incapaz son lesionados por esos métodos de proceder, sino incluso los verdaderos jefes, si algún día el Destino los sitúa en esas posiciones de mando.
    
Después que se verifica la aparición de un hombre excepcional, inmediatamente se forma un frente cerrado de defensa, sobre todo si una cabeza tal, no saliendo de las propias filas, osara penetrar en esa sublime sociedad. Lo que ellos quieren fundamentalmente es permanecer entre sí, y es considerado enemigo común todo aquél que pueda sobresalir en medio de tales nulidades. En este sentido, el instinto es tanto más agudo cuanto es inoperante en otros aspectos.
      
El resultado será siempre un creciente empobrecimiento espiritual de las clases dirigentes. Cualquiera, desde el momento que no pertenece a ese clan de “jefes”, puede juzgar cuáles serán las consecuencias para la Nación y para el Estado.