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viernes, 3 de octubre de 2014

Otto Strasser - Los 14 principios de la Revolución alemana


I

La Revolución alemana niega ante Dios y el Mundo la atadura que ha provocado la mentira de la culpabilidad de Alemania, que mediante la brutal tiranía de los "tratados de paz" de Versalles y St. Germain, e infatigable y fanáticamente lucha por todos los medios para la destrucción total de esta dictadura y todas las consecuencias que tienen su origen en aquellos.

II

La Revolución alemana proclama la libertad de la nación alemana en un Estado alemán fuerte, unificador de todos los pueblos de tronco alemán asentados en el territorio centroeuropeo. Estado que acogerá, de Memel a Estrasburgo, de Eupen a Viena, a todos los alemanes de la Madre Patria y de los territorios irredentos de alrededor, y que constituyen con su fuerza y capacidad la espina dorsal y el corazón de la Europa blanca.

III

La Revolución alemana renuncia desde este momento, a gobernar y expoliar pueblos y naciones extranjeras; sólo quiere, nada más y nada menos, su propio espacio vital para la joven nación de los alemanes, con el mismo derecho otros pueblos y naciones que reconocen la decisión de la guerra como una voluntad del destino.

IV

La Revolución alemana proclama que el único propósito del Estado es la unión de todas las fuerzas de la nación, una concentración de fuerzas para asegurar la vida y el futuro de esta nación, afirmando cada medio que para dicho objetivo precise, y destruyendo todo aquello que lo impida.

V

La Revolución alemana exige desde aquí, que se vertebre el más radical poder estatal central contra aquellas fuerzas que, de manera individual o simplemente por su propio empeño, obstaculicen dicha construcción, ya sean aquellas destructivos entes estatales, de índole partidista o confesionales.
La unidad del Estado de la nación alemana une a las crecientes fuerzas de la tierra y el pueblo, dirigiéndolas hacia una poderosa unidad.

VI

La Revolución alemana da campo libre a la libertad individual de las fuerzas que el denostado sistema liberal oprime, para que aquella pueda desarrollarse armoniosamente en el sentido adecuado para los objetivos estatales. Se procederá a crear un sistema vivo de representación sindical y corporativa, con responsabilidad personal de los dirigentes en vez del antinatural parlamentarismo en el que nadie tiene responsabilidades y se cede a una masa anónima.

VII

La Revolución alemana proclama la unidad de destino de la nación alemana. Está convencida de la obligación de convertirse en una comunidad de destino, no de necesidades, que precisa construir una comunidad del pan, y para ello dirigirá todas sus fuerzas en pos de dicho objetivo convencida de este principio fundamental: "Interés general antes que el interés particular".

VIII

La Revolución alemana rechaza, por tanto, el sistema económico individualista del capitalismo, y su derrocamiento es el primer objetivo que se impone la revolución alemana para su triunfo. Su identidad se reconoce por completo en el sistema corporativo del socialismo, en la que la medida exacta o la finalidad de toda la economía es, no ansiar la riqueza o las ganancias, sino la satisfacción de las necesidades de la nación.

IX

La Revolución alemana proclama, de esta forma, que la propiedad última de la tierra, el subsuelo y los recursos naturales, recae únicamente en la nación, y que los "titulares" no pueden ser sino considerados como mandatarios de la nación, con obligación de rendir cuentas, mientras que toda la nación tiene la obligación de defenderla.

X

La Revolución alemana proclama, bajo las mismas coordenadas, la participación colectiva de todos los productores en el beneficio y a la gestión de la economía nacional, sin que ninguna discriminación se pueda ejercer en razón de la función o de la responsabilidad desarrollada por cada uno. Reconoce el interés personal en la medida en que es motor de actividad humana, y lo incorpora para que coadyuve a la creación de bienestar general.

XI

La Revolución alemana no cree que el bienestar general se encuentre en la persecución de valores materiales ni en una elevación ilimitada del estándar de vida, sino en el retorno y el mantenimiento de un orden sano, el orden nacional, conforme a la voluntad divina y en la que la nación alemana pueda cumplir con el deber asignado por su destino.

XII

La Revolución alemana encuentra este deber en el pleno desarrollo del espíritu tradicional de su pueblo. En consecuencia, combate por todos los medios, contra los degeneradores de la raza, contra toda influencia cultural foránea, en pos de una renovación racial popular y por la cultura alemana. Lucha, en particular, contra el Judaísmo que, unido a las fuerzas supranacionales de la francmasonería y el ultramontanismo, dificultan premeditadamente la vida del espíritu alemán.

XIII

La Revolución alemana combate, igualmente contra el absolutismo del Derecho judeo-romano, por un Derecho alemán, cuyos ejes residen en el Ser y el Honor alemanes, afirmando y valorando las desigualdades de los hombres. El Derecho alemán reconoce como ciudadano únicamente al compatriota y como medida el bienestar general.

XIV

La Revolución alemana derribará la visión del mundo de la Gran Revolución francesa, y será el modelo del siglo XX.
Es nacionalista –contra la esclavitud del pueblo alemán- ; es socialista –contra la tiranía del dinero- ; es popular –contra la destrucción del alma alemana-, y únicamente tiene en su meta en el bienestar de la nación.
Y en pos de esta voluntad colectiva de la nación, la Revolución alemana no se retirará de combate alguno, y ningún sacrificio por muy grande que sea le parecerá excesivo, ante ninguna guerra por sangrienta que sea, pues... ¡Esta Alemania debe vivir!

lunes, 29 de septiembre de 2014

Adolf Hitler - Derrotaremos a los enemigos de Alemania (discurso)


10 de abril de 1923

¡Mis queridos compatriotas, hombres y mujeres alemanes!

En la Biblia está escrito: "Lo que no es ni caliente ni frío lo quiero escupir de mi boca". Esta frase del gran Nazareno ha conservado hasta el día de hoy su honda validez. El que quiera deambular por el dorado camino del medio debe renunciar a la consecución de grandes y máximas metas. Hasta el día de hoy los términos medios y lo tibio también han seguido siendo la maldición de Alemania. La situación de nuestra patria, según la condición geográfica una de las mas desfavorables en Europa, fue comprendida en realidad por primera vez, por el pequeño estado prusiano, odiado, un rival en sentido espiritual y material para todos los pueblos circundantes, le quedo reservado a este pequeño estado modelo llegar a ser el adalid del pensamiento alemán hasta aquella unión de los troncos alemanes que en el fondo, a pesar de dos guerras ganadas, aun no era una unión.

Aun hoy somos el pueblo menos apreciado de la tierra. Un mundo de enemigos se alza contra nosotros y el alemán debe decidirse también hoy si quiere ser un soldado libre o un esclavo blanco. Las precondiciones bajo las cuales solo puede desenvolverse una estructura estatal alemana han de ser por consiguiente: unión de todos los alemanes de Europa, educación para la conciencia nacional y la disposición de poner todas las fuerzas nacionales enteramente al servicio de la nación.

Estas, solamente, son las condiciones fundamentales bajo las cuales podemos vivir en el corazón de Europa. El anciano gigante de la vida estatal alemana, Bismarck, ha mantenido totalmente esta línea directriz, y cuando él se fue vino el dominio de los términos medios, de lo tibio. En lugar de representación de intereses patrios se hizo política dinástica, en lugar de política nacional, la internacionalización. Las palabras-impacto de "echar un puente entre todos los antagonismos", de fraternización, de tregua y otras similares minaron la fuerza del pueblo alemán hacia adentro y hacia afuera. La judaización fue la consecuencia inmediata de esta política tibia, la judaización de la nación alemana, porque el judío no renuncia a su propia nacionalidad.

Industrialización, conquista económica pacifica del mundo fueron otros objetivos, según los cuales se procedió, sin tener en cuenta que no existe ninguna política económica sin espada, ninguna industrialización sin poder. Hoy no tenemos ya una espada en el puño, ¿Donde tenemos entonces una política económica exitosa? Inglaterra ha reconocido muy bien este primer principio de la vida estatal, de la salud estatal, y actúa desde hace siglos de acuerdo al fundamento de convertir fuerza económica en poder político, y el poder político debe a su vez, a la inversa, proteger la vida económica. El instinto de conservación del estado puede construir una economía; pero nosotros quisimos conservar la paz mundial en lugar de defender con la espada los intereses de la nación, la vida económica de la nación, y de abogar sin consideraciones por las condiciones de vida del pueblo.

Y en esto participan por igual todos los partidos del actual parlamentarismo. Los demócratas quieren salvar la democracia aunque Alemania sucumba por ello. Por la democracia afirma el demócrata que quiere morir, por lo general nunca se llega tan lejos. Una enormidad seria para él si la democracia sucumbiera. En la práctica se desarrollo, gracias a esta idea que conduce a la paralización del pueblo, el dominio de la bolsa y de los manejos bursátiles.

El centro representa la idea de la solidaridad de un determinado credo. Otros pueblos, por fanáticamente que piensen y actúen de acuerdo a los principios de su credo, son en primer término hijos de su pueblo y recién después abogan por una confesión determinada.

La socialdemocracia representa intereses político-mundiales; pero un proceder conjunto con los trabajadores de todo el mundo, por cierto, solo es posible en base a un mutuo respeto y posición de igualdad. El alemán debe ser en primer término un alemán, así como el inglés es un inglés, si quiere ganarse el respeto de los otros; y este respeto existe hoy en día menos que nunca. No se trata de si el obrero alemán se declara solidario con los obreros de otros países, sino si el obrero de otros países quiere declararse solidario con el obrero alemán.

Por lo demás el pueblo alemán no quería ser internacionalista. El mejor corazón del alemán dejo ir a la guerra hace nueve años a incontados millones entusiastamente, y hoy los obreros de Essen, cuando ametralladoras francesas tabletearon en aquel funesto sábado dentro de sus filas, no fijaron su mirada en la solidaridad internacional, sino sobre Alemania y sobre aquel día que alguna vez llegara a ser el día de la venganza.

Debido a la mediocridad y debilidad de los partidos parlamentarios sobrevino, lógicamente, la mediocridad de los gobiernos. De esta manera, a partir del momento en que debía ser mantenida la "paz mundial" bajo cualquier circunstancia, por necesidad natural debió desarrollarse la guerra mundial. Hubiéramos podido concertar alianzas con metas firmes y grandes; con decisiones a medias no se lo puede hacer, y los canallas que anteriormente reflexionaron, y ponderaron ahorraron y fueron tacaños, tiran hoy millones sin provecho para el pueblo alemán*. Todo estaba bajo el signo de la mediocridad, de la tibieza, hasta la lucha por la existencia en la guerra mundial y más aun la concertación de la paz. Y hoy la continuación de la política a medias de entonces ha llegado a ser triunfo. El pueblo unido entre sí en la ardua lucha, y aclaro que en la trinchera no había partidos ni confesiones, ha sido desgarrado por el dominio de los intermediarios rapaces y pillos. La reconciliación y la compensación de los antagonismos, por cierto vendrían pronto si a toda "la compañía" se la colgara. Pero es que los intermediarios rapaces y pillos son "ciudadanos" y lo que es aun más importante, adeptos de aquella religión que el Talmud santifica.

No es el proletario quien ha llegado a ser señor, sino que el judío galiztiano se puso en el lugar de reyes que van cayendo. Ahora ya hace mas de cien años que esta trabajando en la desintegración de los estados europeos; siempre ha encontrado auxiliares y los encuentra aun hoy: severing aquí, poincare alla! No se hubiera podido hacer nada contra un pueblo de setenta millones si previamente no se le hubiera quitado la fuerza. Y el que quita al pueblo este poder de decisión interior es el culpable del hundimiento de la nación.

Hace tres años he declarado en este mismo lugar que el derrumbe de la conciencia nacional alemana también arrastrara conjuntamente al abismo la vida económica alemana. Porque para la liberación se requiere más que política económica, se requiere mas que laboriosidad, ¡para llegar a ser libre se requiere orgullo, voluntad, terquedad, odio, y nuevamente odio!

¿Qué se puede esperar de los gobiernos? Ellos sueñan con un milagro. Ellos sueñan con negociar, pero ¡para negociar se requiere poder! Una delegación con refuerzos de cuero en las rodillas va a París, trae de allí la decisión como don de gracia que allí es dictada por un poder superior, y la Nación Alemana da las gracias a la delegación por su "sentido del tacto", por su "sabia mesura", por su comportamiento en el "sentido de la mas auténtica democracia", y el pueblo sucumbe a consecuencia de ello. Aun se puede comprar carbón, aun no ha desaparecido el último marco de oro. Tres cuencas carboníferas ya han sido enajenadas por dinero, pero yo creo que no nos será ahorrado aplicar a nosotros la sentencia de Clemenceau que rezaba: "Me batiré delante de París, en París y detrás de París". Por cierto con una pequeña modificación: no nos quisimos batir delante del Ruhr, no nos quisimos batir en el Ruhr, tendremos que batirnos detrás del Ruhr. Los hambrientos que en los tiempos venideros clamaran por pan no serán alimentados por el munchester post y los 20 millones de alemanes que se dijo están de más en Alemania, deberán enfrentarse con un terrible destino. Y cada cual deberá preguntarse: ¿también estarás tú entre ellos?

La hoz, el martillo, la estrella y la bandera roja ascenderán sobre Alemania; pero Francia no devolverá el territorio del Ruhr. ¿Qué se puede hacer contra estos dos terribles peligros que amenazan con aniquilarnos? Desde arriba no viene el espíritu, el espíritu que purifique Alemania, que con escoba férrea limpie el gran establo de la democracia. Hacer esto es el cometido de nuestro movimiento. No ha de gastarse en superfluas batallas oratorias, sino que el estandarte con el disco blanco y la esvástica negra será enarbolado sobre toda Alemania el día que será el día de la liberación de todo nuestro pueblo.